¿Conduciremos todos coches eléctricos o de hidrógeno?

En los Países Bajos se puede recargar un coche enchufable prácticamente en cualquier lugar. Esto no significa que todo el mundo pueda conducir uno. La principal razón es la composición de las baterías actuales y las materias primas necesarias para fabricarlas, que son cada vez más escasas. El turismo de hidrógeno ofrece una alternativa viable y posible, aunque su adopción se ve frenada por la falta de infraestructura. Debido a su escasa implantación, la tecnología del hidrógeno es muy costosa.
A mayor escala, en el transporte de larga distancia y el transporte pesado, la cantidad de baterías pesadas necesarias para un vehículo eléctrico de batería resulta prácticamente inviable; pensemos en camiones, autobuses y barcos. También aquí el hidrógeno ofrece perspectivas: sus depósitos son mucho más ligeros y se repostan en pocos minutos. Esto se traduce en mayores distancias sin repostar o recargar y una menor pérdida de espacio de carga.
Por ello, el hidrógeno parece una opción idónea para optimizar el transporte de larga distancia y los vehículos que funcionan de forma continua, como el autobús urbano que debe circular día y noche o la ambulancia que debe estar lista en cualquier momento. No pueden dejar de prestar servicio porque sigan conectados al cargador.
Si aumenta la adopción del hidrógeno en el transporte de larga distancia, su infraestructura crecerá con ella. La tecnología también se abaratará de forma gradual. Así, el uso de un turismo de hidrógeno tendrá cada vez más sentido, especialmente para quienes recorren largas distancias con frecuencia.
La cuestión no es, por tanto, qué tecnología es mejor o cuál ganará, sino cuál utilizaremos, dónde, cuándo y para qué. A medida que ambos sistemas de propulsión sigan desarrollándose, los encontraremos en cada vez más ámbitos. También en los turismos.
Fuente: Business Insider
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